sábado 4 de septiembre de 2010

El pastor y sus relaciones personales


SAMUEL SANTANA


Carlos y Mary eran dos niños con una diferencia de edad muy corta.
Ambos compartían una gran amistad con el pastor que recién había llegado a su comunidad.
Cuando el ministro inició la plantación de su iglesia, ellos estuvieron entre sus primeros miembros. Le acompañaban en todos los cultos, en las oraciones en los hogares y en casi todas las actividades generales de la congregación.
Los dos menores fueron creciendo a la vista del ministro y bajo su cuidado espiritual. El figuraba en cada detalle de sus vidas. En sus cumpleaños y graduaciones. Lo mismo ocurría con sus momentos difíciles. Cuando se enfermaban o había algún problema en la familia ellos confiaban en sus oraciones y buenos consejos.
Sin embargo, llegó el día en que todo esto cambió de manera radical y sorprendente.
Entrados a la adolescencia, Carlos y Mary no volvieron más a la iglesia. Y lo peor de todo fue el trato frío e indiferente que manifestaron hacia el pastor. Empezaron a verlo como un hombre distante a sus intereses.
Muchos factores produjeron el gran distanciamiento en el plano espiritual y relacional de estos dos jóvenes.
Este es un caso que demuestra como los pastores sufren al contraponer su nivel de entrega y dedicación sana y amorosa con la actitud caprichosa, egoísta y compleja de los seres humanos. Esto mismo ha ocurrido y sigue ocurriendo con personas y miembros adultos.
¿Cómo pueden los pastores actuar ante este tipo de fenómeno conductual y devastador para su estado emocional?
Esto requiere de tomar las siguientes medidas:
1. Consagre todo su tiempo sólo a Dios y a sus responsabilidades. Es común que la gente quiera mantener ocupado al ministro involucrándolo en sus detalles personales. Las personas quieren que él esté en sus cumpleaños, día de campo, playa y conversaciones mata tiempo.
Debe ser todo lo contrario, húyale a esto de modo que usted dedique sus horas al estudio de la Palabra, la meditación, leer, orar y a su propia familia.
Acérquese y acuda a las personas solamente para tratar un asunto de importancia y de solución a un problema. Nunca llegue a creerse que usted forma parte de la familia, que es alguien muy querido, imprescindible, el guía y alguien a quien se ama mucho. Al evitar esto, se librará de grandes sorpresas y frustraciones.
2. Mantenga la privacidad de su casa y de su familia. El hogar del pastor nunca debe ser una extensión de la iglesia. Este es el lugar donde el ministro del Señor junto a lo suyo descansa, medita, ora, estudia, trata con su pareja asuntos y medita en sus sermones, conferencias y estudios.
Las gentes si las dejan, llegan al extremo de invadir todo los espacios del pastor. En la casa le abren el refrigerador, se le sientan dondequiera y obstruyen la relación familiar.
No hay cosa que agote más que sentarse permanentemente a escuchar largas conversaciones egoístas. Es decir, enfocadas siempre en las mismas personas.
Cuando alguien tiene un problema, no lo invite a su casa para que le cuente. Limítelo siempre a la oficina pastoral o a otro lugar. Nunca en la casa pastoral. Ese es un lugar sagrado para el descanso y para la familia. Una vez usted abre la puerta de su hogar, le resultará muy difícil, luego, establecer las reglas de juego. Y, por supuesto, que lo va a lamentar en el alma. Muchos pastores han tenido, incluso, que mudarse lejos de la iglesia para corregir el problema.
3. Dependa sólo de Dios. Hay que tener mucho cuidado con aquellos que les gustan estar siempre regalando cosas al pastor. Este puede ser un medio a través del cual se llegue a tener la impresión de que se tiene el control sobre muchos aspectos de su vida. Ante esto se puede crear un sentido de dependencia y de expectativa que daña la objetividad del hombre de Dios. No siempre los que dan son los mejores cristianos. Recordemos la advertencia de Santiago.
Hay que aprender a vivir sólo de lo que Dios provee.
En definitiva, la clave principal de todo esto es evitar involucrarse mucho con la gente. Alguien dijo que mientras más tiempo pasemos entre los hombres, más nos alejaremos de Dios. El pastor es un hombre de todos, sin ser de nadie en particular.
Las personas suelen en sus necesidades y búsqueda de afecto acudir siempre a los hombres de Dios. Pero no siempre pueden manejar esa relación con el nivel de capacidad requerido. Algunos cuando aclaran la situación, se marchan dando la espalda a la iglesia y a Dios.
Ame a todo el mundo, hágale bien al prójimo, pero no intimide con nadie.

1 comentarios:

  1. Muy bueno este articulo, lo felicito y animo a seguir con este tema.

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