martes 4 de enero de 2011

Jesús entre escribas y fariseos, el maquiavelismo conciliar

SAMUEL SANTANA
Al hablar de Jesús hacemos referencia al hombre más puro, sano, justo y verdadero que ha pasado por esta tierra.
Enseñó y practicó la justicia, el amor, la solidaridad, la transparencia, la sanidad del alma y se identificó con el dolor humano.
Fue el único hombre que cumplió con la ley de Dios y la ley de los hombres.
Sin embargo, fue apresado, juzgado y condenado como el más vil de los criminales a morir en una cruz con el apoyo y algarabía de todo un pueblo y del sistema político, judicial y religioso de la época.
¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo pudieron lograr convencer a todos de que ese Jesús era un peligro, una amenaza y lo peor del momento?
Para responder estas preguntas, definitivamente hay que seguir muy de cerca la estrategia de los líderes religiosos de la época, los escribas y los fariseos.
Y, luego, guardando la distancia, observar parte del pensamiento de un hombre llamado Maquiavelo.
Veamos sus métodos y principios.
1. Perseguir sin descansar al enemigo
Desde que Jesús entró al mundo, fue perseguido sin descanso alguno. El primero en hacerlo fue Herodes.
Cuando este recibió la noticia de que había nacido el Mesías, dispuso la muerte de todos los menores de dos años con la intención de que su espada diera con el llamado rey de los judíos.
Por indicación divina, el niño tuvo que ir a parar a Egipto para salvarle la vida.
Luego vinieron los escribas y fariseos. Estos se mantuvieron siempre al acecho del Maestro a la espera de atraparlo haciendo algo indebido.
Es que lo vieron como una amenaza para sus intereses de poder, que habían conseguido como líderes religiosos de la nación.
Mantuvieron siempre activa la maquinaria calculadora. Eran los individuos que se acostaban, no a dormir sino a pensar en escaramuzas para presentarlas al otro día.
2. Encontrar la falta
Los ojos estaban permanentemente sobre lo que Jesús hacia.
Los escribas y los fariseos andaban siempre con la ley de Moisés en las manos tratando de demostrar qué parte había sido violada.
Escudriñaban lo más minucioso, para, luego, aplicarlo al enemigo.
3. Aliarse con el contrario
El Imperio Romano era odiado. Pero, en esta ocasión, los líderes religiosos decidieron defender los intereses del Cesar con tal de que les ayudara a acabar con un enemigo mucho más peligroso.
Lo de Roma sólo tenía que ver con lo político y económico, pero este Jesús afectaba la hegemonía religiosa.
Prefirieron besarles los pies al Cesar antes que ver su liderazgo religioso en el suelo. Los malos se unieron.
4. Tirar gancho
El tributo al Cesar, la mujer adultera, el esposo muerto, figuran entre los tantos casos presentados ante Jesús para determinar si cometía algún error en la respuesta o en la decisión.
No andaban en busca de la verdad, sino de la equivocación para la acusación y condena.
5. Vender y proyectar imagen negativa
Al pueblo había que hacerle creer que el individuo que andaba sanando, repartiendo comida y hablando de amor, era peligroso, que no quería, en realidad, el bien de todos, sino acabar con la estabilidad nacional, la paz y el desarrollo.
Por eso la insistencia de que era usado por Belzebú, que era un impostor, un mentiroso, una amenaza, un destructor de la ley de Moisés, del templo, un blasfemo y un engañador empedernido.
Aunque era evidente que con su vida y sus hechos era sano, el pueblo debía percibirlo como malo.
6. Conocer las debilidades del enemigo
Los líderes religiosos sabían que se debía recopilar todo un archivo y un historial de vida del contendor, que era preciso saber si en algún momento engañó, mintió, robó, escribió o dijo algo, si violó la ley, cometió fornicación o adulterio. Tenía que ser un archivo sucio. Lo más que se pudiera. Por eso le perseguían para ver con quien hablaba, comía y a cuales lugares entraba.
Sabían que así, todo sería fácil. Sería el arma bien guardada que se usaría en el momento preciso.
El problema de Jesús es que no hizo nada de eso.
Entonces, la estrategia fue atraparlo con su propia sinceridad, transparencia y sanidad de alma.
Y ellos observaron que Jesús nunca perdió tiempo aclarando nada ni defendiéndose con desesperación. Decía lo que debía decir y no le importaba la tergiversación. Era hombre de carácter y espíritu fuerte. Por eso guardó silencio ante las acusaciones atroces. Conocía a fondo la maldad humana y lo que quería.
Esa fue una parte que supieron explotar sus enemigos. El le facilitó llevar su odio al extremo.
7. Acabar con el contrario
Entre los enemigos de Jesús nunca hubo una satisfacción por más certera y puntual que fueran sus respuestas y actuaciones.
El asunto era atraparlo y ponerle fin.
Los azotes y la muerte, no sólo acabaron con su vida, sino que fue un mensaje contundente contra todo el que quisiera imitarle o adherirse a su escuela.
Entendieron que de él no debía quedar nada. Aún frente a su tumba pusieron guardias de día y noche para evitar la aparición de cualquier elemento a su favor.
Ese nombre debía ser borrado de la historia nacional.
Estaban seguros de que al enemigo no se le puede dejar con vida, que al tenerlo en las manos, había que destruirlo sin misericordia.
8. Buscar el punto vulnerable entre sus seguidores
Estos líderes religiosos conocían tanto de la maldad, que sabían que entre los seguidores siempre hay traidores, que en el poder no todo es monolítico, sino que hay alguien descontento, ambicioso, insincero y dispuesto a buscar lo de él.
Averiguaron hasta encontrarlo. Efectivamente, dieron con el hombre capaz de venderle su alma hasta al diablo por un puesto, un ascenso, un reconocimiento o por dinero.
Llamaron a Judas Iscariote aparte e hicieron un buen negocio.
Le pagaron lo que le pidió y se unieron en el plan destructor.
9. Pedir lo peor
Según su criterio, al enemigo hay que imponerle el castigo más severo contemplado en el sistema.
Cuando Herodes sugirió el tipo de castigo, la multitud fue preparada para que pidiera lo más terrible, que el Maestro fuera crucificado en una cruz con gruesos clavos martillados por la mano verduga de un soldado romano.
10. Dar muestra de piedad incuestionable
Maquiavelo dijo que aunque un príncipe no tenga todas las virtudes, debe, entonces, dar muestra de poseerlas. “Hay que saber disfrazarse bien, y ser hábil en fingir y disimular…Los hombres son tan simples, que el que engaña siempre encontrará a quien engañar”.
La validación de la actitud de los escribas y de los fariseos residió en el hecho de proyectarse ante el pueblo como los seguidores fieles y celosos de la ley de Moisés y de los profetas.
Dieron la impresión de ser más espirituales y santos que ese Jesús, que sólo quería cambiar la ley y los profetas y, sobre todo, destruir el templo.
Lo acusaron de hechicero, brujo, hereje, apostata y blasfemo. Mientras ellos desgarraban sus túnicas ante el horror e impiedad de alguien que se hacía llamar el Hijo de Dios.
11. Usar la misma arma del enemigo
Ya lo vimos, Jesús hablaba y hacía cosas, pero no daba muchas explicaciones ante los comentarios negativos insanos.
El se preocupaba sólo por quienes andaban detrás de la verdad.
Hubiera bastado con que dijera a voz en cuello que la destrucción del templo se refería a su propio cuerpo.
Pero lo dejó así.
Los líderes religiosos encontraron aquí una de las armas más letales para usarlas en su contra.
Ante el sumo sacerdote pudo haberse quedado callado o usar una palabra estratégica, pero dijo la verdad.
Eso bastó para que la ira religiosa lo quemara y lo llevara a la destrucción.
12. Luchar por la simpatía de las masas
Aunque Jesús alimentaba, sanaba y daba palabras de esperanza a la multitud, los líderes religiosos se emplearon a fondo por retener su control en la base.
Nunca permitieron que Jesús ahondara en el pueblo la idea de que ellos eran peligrosos, farsantes o que estaban equivocados.
Era cuestión de vida o muerte retener el favor de los seguidores.
Tal como indica Maquiavelo, evitaron que se les sublevaran los súbditos.
13. Unirse al más fuerte
Cuando la situación se les tornó difícil, los escribas y fariseos se unieron al más fuerte para destruir a Jesús. El más fuerte en la época era el Imperio Romano. Acudieron a Pilato vendiéndole la idea de que el imperio del César estaba en peligro en Jerusalén con ese Jesús.
Pero ellos mismos crearon un sistema de fortaleza al caminar y planificar juntos. No actuaron de manera individual. Entendieron que en los sistemas, la unión está en la fuerza, en el apandillamiento, aún cuando sean enemigos. La circunstancia obliga.
14. Contratar a alguien para el trabajo sucio
En el momento crucial, en el que ya debía tomarse la decisión final sobre el Cristo, los líderes religiosos no tenían nada concreto. Hizo falta un elemento contundente para que todo le saliera bien, la verdad. Y como no estaba, entonces se valieron de testigos falsos, quienes bajo el juramento divino acusaron a Jesús con mentiras.
Los escribas y fariseos no metieron directamente las manos en el engaño. Fueron otros quienes lo hicieron por ellos.
Su criterio era que debían mantenerse siempre libre de la acusación directa.
Maquiavelo dijo que deben encomendar a los demás las tares gravosas, y reservarse las agradables.
15. Predisponer a los demás contra el enemigo
Estos líderes trabajaron tan hondo el estado de ánimo del pueblo, que en el momento cumbre, a viva voz dejó escapar el grito de “¡crucifícale!” “¡crucifícale!”
Ellos podían echarse a un lado, mirar de lejos, pues ya el fuego estaba encendido y la pasión desatada.
16. Acabar con el que hace sombra al poder
Primero, como dijimos, fue Herodes quien se conmocionó con la llegada de Jesús. Luego fueron los líderes religiosos. Lucharon hasta acabarlo porque el joven maestro amenazaba con derrumbar su liderazgo. Para ellos, hay que destruir a todo el que tiene posibilidad de llegar, también, al poder.
NOTA: Este análisis no agota todos los vericuetos contemplados en la psicología del poder, simplemente expone a grandes rasgos parte de todo lo que esto implica. Ni siquiera Maquiavelo lo agotó todo a pesar de sus largas y profundas reflexiones montesinas. Es tarea nuestra observar a los grandes y ver qué es lo que hacen para extraer y deducir conclusiones. Ante un hombre en el poder, nunca se duerma, para que no sea la próxima víctima.

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