La voz evangélica no se aprecia por ningún lado aún cuando el pueblo sufre ante la envestida de tantos problemas y situaciones sumamente difíciles.
¿A qué se debe este comportamiento?
Las razones podrían ser indiferencia, descuido o falta de compromiso con la ciudadanía.
Lo peor que uno puede pensar es que se trata de alguna especie de narigoneo por parte del Gobierno o por falta de capacidad en el manejo de la incidencia pública. Esto último requiere de un conocimiento acabado de los problemas nacionales y la habilidad de articular planteamientos bien elaborados.
Bueno, lo que sea, lo cierto es que no conviene al país ni a la misma comunidad evangélica mantener esta actitud de silencio. Esto equivale a dejar el espacio libre para que la maldad crezca y para que el pueblo se sienta desamparado.
Estamos necesitados de ver la cara de nuestros líderes hablando, planteando, denunciando y enfrentado las tantas variables adversas que acogotan a los hijos humildes de este pueblo.
¿Cómo es posible que no se diga nada ante la corrupción, la violencia, el abuso de poder, el descuido de las autoridades y las tantas cosas perversas?
Deseaos en el alma ver que haya un activación en este sentido.

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